En la cresta de la ola …

Recientemente, Marcello Rodríguez Pons fue reconocido internacionalmente por sus logros como arquitecto y también como cultor del windsurf. Manejó un Jaguar y considera imprescindible al smartphone.

Se define como arquitecto y marinero. Nacido en Córdoba, es hijo de madre alemana y de padre argentino. Vivió en el barrio de Nueva Córdoba, aunque los mejores y más fuertes recuerdos de su adolescencia están en la casa familiar sobre el lago San Roque en Villa Carlos Paz, donde navegó mucho con familiares y amigos. Cursó sus estudios en la Academia Argüello y en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de Córdoba. “Actualmente estoy casado, y tengo tres hijos varones que son grandes deportistas y músicos”, destaca este profesional cordobés que realizó obras y proyectos en más de 20 países y hace poco fue reconocido internacionalmente a través de importantes premios y nominaciones, entre ellos los Cityscape Global Awards (Dubai) y los World Architecture Awards.

— ¿Cómo te decidiste por la arquitectura, y cuál es el papel que juega en tu vida?

— Cuando tenía 18 años y tenía que decidir qué haría profesionalmente, mi padre estaba construyendo unos edificios en la avenida Chacabuco. Mi departamento en calle San Lorenzo se llenó de planos por todos lados y se hablaba mucho de diseño y construcción en casa; creo que esa influencia me empujó a seguir la carrera de Arquitectura, profesión que me permitió simultáneamente seguir viajando con mis regatas alrededor del mundo con el equipo argentino de windsurf. Nunca pensé que 30 años más tarde la pasión por la arquitectura se hubiese fusionado tanto con la que tenía por los viajes y el deporte.

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